martes, 30 de junio de 2009

ITALO DEL VALLE ALLIEGRO

Jóvito Alcides Villalba Vera.

Los horrores que ocurren en la política, los que pudieron ocurrir en el pasado, como los que ocurren ahora y ocurrirán en el futuro, no son solamente culpa o responsabilidad de quienes aparecen como sus inmediatos responsables o hasta autores de esos acontecimientos, sino que son el resultado de factores sociales y económicos así como de situaciones históricas fuera del control de los participantes. Los hechos injustos de la política no pueden ni deben reducirse a lo personal sino que deben interpretarse con toda la carga de inexorabilidad y fatalidad que ellos llevan.

La imputación que esta intentando el oficialismo contra el General Alliegro no puede enmarcarse sino en una más de las ya innumerables acciones de judicialización de la represión política, de la que hoy se sienten muy orondos pero que, seguramente, en el futuro, y pueden estar seguros de que habrá futuro, entonces alegarán ignorancia o desviarán las culpabilidades hacia los subalternos.

Ya esta claro que para la dictadura en que vivimos la justicia pasó a ser una coartada mas, una coartada que permite eliminar enemigos reales o supuestos, pero que tambien permite mantener viva la llama del odio de clases (no lucha de clases) que tan exitosamente a logrado inyectar el proyecto chavecista en nuestra maltrecha Venezuela. Después el payaso se tirará en el suelo contorsionándose de fingido dolor porque, según él, es la oposición la que siembra el odio y denunciará a los obispos que lo desnuden internacionalmente.

Italo del Valle es un militar pundonoroso, es un hombre de honor que cumplió con el desagradable deber que le fue asignado en ocasión del “caracazo”. Quienes lo hemos conocido desde su incorporación a la Academia Militar sabemos que si no hubiese estado al frente de esa circunstancia, los lamentables decesos de esas fechas, en lugar de contarse por centenares se hubiesen medido por miles.

De acuerdo con la técnica cubana para mantenerse en el poder, cada cierto tiempo habrá que mantener bajo presión a aquellos personajes que ellos consideran importantes en la oposición, o, simplemente, emblemáticos. Creen ellos que de esa forma se desviará la atención del esfuerzo de reagrupamiento y organización de las fuerzas oposicionistas que arman, pacientemente, el dispositivo electoral para defenestrarlos en el 2010.

¡El prestigio de Chávez, es un prestigio que dejo de ser!.

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